Desde pequeños se nos ha dicho que somos los responsables de los actos que realizamos. Ya sea por haber robado una golosina en la librería de al lado de casa, o por haber sacado un sobresaliente en matemáticas, la reflexión que se nos pedía era observar que el resultado venía de nuestras decisiones.
Pero conforme avanza la investigación en distintos campos de la neurociencia, parece extenderse la idea de que cada vez somos menos responsables de nuestras decisiones, y más bien hacemos lo que hacemos porque estamos “destinados” a hacerlo.
El caso más reciente del que se habla en la actualidad es el gen AVPR1A, relacionado con la capacidad de un animal para permanecer monógamo.
Según parece, los investigadores han descubierto en sus experimentos que los hombres que tienen la variante 334 de este gen tenían más problemas para estar bien con su pareja, o sencillamente serle fiel.
Aún así, también aclaran que esta variante genética es una pequeña parte del proceso que sigue una persona para relacionarse con el resto, por lo que el efecto del alelo 334 es modesto.
Otros estudios sobre la influencia de nuestro organismo en nuestro comportamiento están centrados en el comportamiento agresivo.
Según podemos leer en el libro “El alma está en el cerebro”, de Eduard Punset, el hecho de que una persona se comporte agresivamente puede deberse a defectos en el cerebro que afectan a la manera de actuar del sujeto.
Por ejemplo, está el hecho de haber sido víctima de maltrato infantil. Una bofetada a ciertas edades puede dañar el córtex prefrontal, y esto puede causar efectos perjudiciales a largo plazo.
Y es que esta parte del cerebro es la que nos calma ante situaciones conflictivas. Cuando algo nos molesta, nuestra primera reacción sería actuar con violencia (el sistema límbico es el responsable de ello, ya que genera nuestras reacciones emocionales), pero ahí tenemos el córtex prefrontal que nos hace verlo más fríamente.
Si en algún momento de nuestra infancia nos han dañado la comunicación entre estas dos partes, el sistema límbico puede hacerse amo y señor de nuestra actuación ante ciertas situaciones, creando a una persona violenta.
Quizás el caso de la “infidelidad genética” no llegue al extremo del comportamiento agresivo, pero ambos son ejemplos de la revolución que está produciéndose gracias a la neurociencia.
Así, conforme avancemos más en el conocimiento de nuestra mente, ¿de qué forma creéis que influirá en la sociedad?
¿Cambiarán las leyes para no enviar a la cárcel a gente que es incapaz de controlar su violencia?
¿Nos dejaremos llevar más por nuestros instintos?
Gracias a Genciencia
viernes, 12 de septiembre de 2008
Malos tiempos para la Etica
Technorati tags: comportamiento, descubrimiento, destino, etica, genetica, hombre, neurociencia, neurologia, psicologia, psiquiatria, psiquis
Blogalaxia tags: comportamiento, descubrimiento, destino, etica, genetica, hombre, neurociencia, neurologia, psicologia, psiquiatria, psiquis
martes, 15 de julio de 2008
Psicosis compartida: Viviendo en tu irrealidad
Convivir con alguien que sufre de psicosis implica comprender al enfermo y saber que en ciertos momentos, va a estar viendo u oyendo cosas que no existen en realidad.
Obviamente, esto es una carga bastante importante para los familiares, ya que deben de tener especial cuidado con ciertas situaciones que pueden llegar a ser peligrosas. Como ejemplo sencillo, que la persona que sufra de psicosis crea conveniente salir por la ventana, en lugar de usar la puerta.
Pero a veces el problema puede crecer y salir de los límites de la mente del enfermo. En estos casos, hay dos situaciones en las que alguien cercano al psicótico acaba por compartir su noción de la irrealidad:
- Folie imposée. Es cuando el enfermo induce a la otra persona sus ideas delirantes. Suelen tener una relación muy estrecha, y compartir los mismos temas (por ejemplo, creer en los horóscopos).
- Folie simultanée. En este caso, ambas personas sufrían de psicosis, y una de ellas influencia a la otra de forma que acaban teniendo delirios parecidos.
Existen casos documentados realmente interesantes, como el de una madre y su hijo de 13 años que creía que era hijo del mago Merlín. El chico pensaba que todo el mundo quería dañarle por su curioso estatus, y decía escuchar una voz que le indicaba que “la hechicería se desencadenará”, en un lenguaje que no identificaba pero que entendía.
Su madre, de 44 años y con un nivel de escolarización bajo, acabó sintiendo cosas extrañas, y su psicosis fue tal que decía recibir órdenes de un tal Dartayan, espíritu de su difunto padre. Según su versión, a través de mensajes de texto al móvil le indicaba cómo tenía que actuar con su hijo para convertirlo en un todo un mago blanco.
Magia y tecnología, unidas con un mismo fin.
Technorati tags: enfermedad mental, psicologia, psicosis compartida, psiquiatria
Blogalaxia tags: enfermedad mental, psicologia, psicosis compartida, psiquiatria